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La amniocentesis es por desgracia, una de las pruebas más temidas por las embarazas. Resuelve en este artículo tus dudas sobre la amniocentesis; cuál es su finalidad, los riesgos asociados y sus posibles complicaciones. Si no estás segura de hacerlo, recuerda que recibir diagnóstico genético puede servirte de gran ayuda.

La amniocentesis puede definirse como una prueba de diagnóstico prenatal de carácter invasivo, que consiste en realizar una pequeña extracción de líquido amniótico a través de una punción uterina transabdominal.

Fue a partir de mediados del siglo XX, cuando dicha prueba comenzó a aplicarse un procedimiento de dianóstico genético para evaluar posibles alteraciones cromosómicas o incluso, el sexo del bebé.

 

¿Cuál es el procedimiento de la amniocentesis?

Para que pueda llevarse a cabo correctamente la prueba, es necesario que la madre se encuentre entre la 16-21 semanas de gestación, ya que realizarla antes de tiempo, implicaría riesgos aún mayores.

Durante el procedimiento, se realizarán sucesivas ecografías para determinar la posición concreta del bebé y en caso de complicaciones, poder solventarlas con mayor rapidez, disminuyendo además, la frecuencia de las punciones.

A la hora de la punción se puede aplicar un medicamento insensibilizador del dolor, y se procede a insertar una aguja espinal de unos 7-12 cm de largo, con la que se extraerá una muestra de líquido amniótico que posteriormente será analizada.

 

¿Presenta algún riesgo la amniocentesis?

Por su carácter invasivo, la amniocentesis presenta una serie de riesgos inherentes a la prueba, y de los que la madre deberá ser informada previamente, para dar el consentimiento a la hora de su realización. Los riesgos maternos son bajos, por lo que en su mayoría, recaerán sobre el futuro bebé.

En concreto, entre los riesgos más importantes asociados  destacamos:

  • Riesgos fetales asociados como consecuencia de una infección o lesión
  • Aborto espontáneo
  • Pérdida de líquido amniótico
  • Isoinmunización
  • El estrés de la madre

Si quieres saber más acerca de los riesgos que presenta la amniocentesis, te invitamos a que consultes el siguiente artículo.

 

¿Cuál es el objetivo de la prueba?

Comúnmente, la amniocentesis se presenta como una prueba con el objetivo de detectar posibles alteraciones genéticas en el feto, como el Síndrome de Down u otras, la espina bífida, y anomalías en el desarrollo pulmonar. También puede utilizarse como prueba para la detección de posibles infecciones en el bebé.

Sin embargo, aunque comúnmente se estima una tasa de fiabilidad del 100%, cabe mencionar que en casos de mosaico genético (cuando no todas las células presentan el error genético, de forma que algunos tejidos estén afectados y otros no) la precisión de la prueba decae notablemente.

 

¿Siempre es necesaria?

La amniocentesis se recomienda en mujeres gestantes de edad avanzada o con antecedentes familiares de enfermedades genéticas. No obstante, la última decisión siempre corresponde a la mujer y será ella quien deberá decidir si desea o no, someterse a dicho procedimiento invasivo.

Recibir consejo genético puede resultar de gran ayuda para aquellas parejas que se encuentren indecisas sobre la prueba. Además en la actualidad, gracias a los test de diagnóstico prenatal no invasivo, en los que con tan solo un análisis de sangre se detectan síndromes como el de Patau, Edwards y Down, ¡el número de amniocentesis innecesarias se ha reducido notablemente!

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