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Seguro que has oido hablar de ellas alguna vez. ¿Cómo se sabía hace unos años si una mujer estaba esperando un bebé? Los tests de embarazos para hacerte una prueba casera son relativamente modernos. Todos ellos se basan en la detección en la sangre o la orina de la subunidad beta de la hormona de la gonadotropina coriónica humana. Nada que ver con estos otros “métodos” que ha recopilado la revista Quo: las nueve pruebas más extrañas de detección del embarazo precoz que se han utilizado a lo largo de la historia.

La prueba del trigo y la cebada es una de las más antiguas. Se enmarca en el antiguo Egipto, allá por el año 1350 a.C., cuando las mujeres orinaban sobre semillas de trigo y cebada durante varios días para ver si germinaba lo uno o lo otro. La prueba permitía “determinar” no sólo el embarazo, sino también el sexo del bebé: niña, si germinaba el trigo; niño, si germinaba antes la cerveza.

La prueba de la rana es mucho más moderna. De hecho se usó hasta los años 60 del pasado siglo XX y está basada en el descubrimiento de la hormona GCH. Consistía en inyectar a una rana o sapo hembra, bajo la piel, la orina de la paciente. Si la mujer estaba embarazada, su orina contendría esta hormona que estimularía la ovulación del animal.

Son sólo dos ejemplos, pero ¿has oído hablar de la prueba de la cebolla, la cerveza, el cerrojo o el conejo? También han existido los visionarios que veían los embarazos en la orina de la mujer. O los médicos que podían saber si una mujer estaba embarazada por sus ojos o distintas señales en la vagina.

La grenouille. Imagen publicada en Flickr con licencia Creative Commons por Anibal Santos

  • Susana feb 19, 2013 Respuesta

    Siempre he oído hablar de la prueba de la rana pero nunca sabía exactamente en qué consistía… :-)

  • Afortunadamente la investigación en este campo ha mejorado como en tantos otros la percepción de la realidad y sus resultados. Y en ello, si me lo permiten, ustedes y las empresas como la suya son y han sido también partícipes. Así que déjenme agradecérselo. Todavía me entran escalofríos sólo de leer argumentos como el de la prueba esa de la cebada. Lástima que pruebas como el suyo no existiesen hace unos años cuando tuve que hacerme yo una amniocentesis. Un saludo.

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